viernes, 22 de febrero de 2008

Definiciones Importantes de Armando Quintero Laplume

No se puede pretender que los términos de un oficio que, sea por las razones que sea, es tan reciente en sus fundamentos teóricos puedan delimitarse cabalmente. Y, sobre todo, cuando aún no está suficientemente precisado para todos los destacados investigadores y estudiosos que lo han abordado hasta ahora (antropólogos, etnólogos, historiadores, sociólogos, comunicadores y educadores) y los muy pocos narradores orales que han asumido a conciencia el estudio del mismo. Aquí sólo abordaremos, de un modo muy sintético, algunas de las varias denominaciones que se utilizan para designarlo profesionalmente y para definir el ejercicio de sus muchos hacedores. Su profundización y ajuste se hace cada vez más necesario.

Contada: Bajo esta denominación designamos a las presentaciones realizadas en espacios abiertos, convencionales o no convencionales. Es una manera de diferenciarla de las presentaciones realizadas en salas de teatro donde se hacen uso de los recursos técnicos de luz y sonido. Pueden ser individuales o colectivas, según sean llevadas a cabo por un solo narrador oral o por varios de ellos, trabajando éstos en colectivo o no.

Contador de historias: Es el conocido cronista de nuestros pueblos que testimonia la historia oral de su comunidad, y está más vinculado a la narración como arte comunicativo que a la historia pura de la misma.

Cuentacuentos: El término tiene amplia difusión en Venezuela desde la época del “boom de la narración oral” en la década de los ochenta en este país, y está extendido en muchas partes de América Latina y España. La narración oral de cuentos en el aula; los cuentos y vivencias narrados por abuelos y familiares; las historias, leyendas, mitos y cuentos leídos y, a veces, narrados oralmente por bibliotecarios y promotores de lecturas caben en esta denominación. Serían muy pertinentes revisar las observaciones tomadas de Antonio Gonzáles Beltrán sobre este término unas páginas antes y, entre otras, esta puntualización de Francisco Garzón Céspedes:

“El término de cuentacuentos, usado por extensión por algunos narradores orales escénicos – y sin delimitarlos – que creen referirse a los cuenteros, está mucho más referido a la práctica de contar, dirigiéndose a los niños, de los narradores orales de la corriente escandinava.”
(de “El arte de contar cuentos”, página 21)


Cuentería: Los narradores orales colombianos designan bajo esta denominación a la narración oral como término genérico y abarcan con ella a todo tipo de manifestación oral: los cuenteros comunitarios aborígenes, campesinos y pueblerinos, los cuenteros familiares, los cuentacuentos y los narradores orales escénicos. Prácticas todas existentes y valoradas en Colombia, “uno de los países más fecundos y vivos en este oficio, cuya práctica es latente hoy en día en universidades, plazas, cafés, bares y teatros”, como nos ha señalado Antonio González Beltrán.

Cuentero: Término muy extendido en Colombia para designar a todo narrador oral y, donde la constante práctica del oficio y la permanente denominación del mismo por sus oficiantes, que se califican como tales, no reviste los contenidos peyorativos que conlleva en otros países de América.

Espectáculo Unipersonal: Designamos de esta manera a todas aquellas presentaciones individuales más elaboradas desde el punto de vista escénico, realizadas en espacios convencionales o no convencionales, donde se hacen uso de los recursos técnicos de luz y sonido. Sería lo más parecido a lo que se denomina monólogo en el teatro convencional.

Espectáculo colectivo: Con esta denominación designamos a las presentaciones colectivas - según sean llevadas a cabo por un solo narrador oral o por varios de ellos, trabajando en colectivo o no – y estén realizadas en aquellos espacios, convencionales o no convencionales donde se usen de los recursos técnicos de luz y sonido.

Fabulador: Es el correspondiente a cuentero en algunas culturas. En otras, como en lugares de Nuestra América, reviste un contenido peyorativo.

Griot: En las comunidades africanas el oficio de “cuentero” exige una preparación y se equipara al del jefe de la tribu. Uno procura su alimento y defensa material, el otro la conservación espiritual e histórica de la misma.

Narración Oral: Es la denominación genérica con la cual se pretende abarcar a todas y cada una de las manifestaciones artística de la oralidad; desde los cuenteros comunitarios de todos los tiempos y lugares, a los cuentacuentos e, incluso, los narradores orales escénicos.

Narración Oral Escénica: La denominación fue creada y acuñada por el cubano Francisco Garzón Céspedes “un investigador formado, licenciado en periodismo, director y/o jefe de redacción de revistas especializadas y de departamentos internacionales de prensa y propaganda”, actor y director teatral que “asume el cuento oral, en 1975, en La Peña de Los Juglares” y crea, con fundamentos teóricos y prácticos bien sustentados, el Movimiento Iberoamericano de Narración Oral Escénica. Tomamos un fragmento de su libro “El Arte Escénico de Contar Cuentos. La Narración Oral Escénica” que, a nuestro parecer, sintetizan sus consideraciones sobre el tema:

“El término de narración oral es un genérico que incluye a los cuenteros, a los narradores orales de la corriente escandinava y a los narradores orales escénicos. De allí otra de las necesidades de especificar en lo que a nuestro movimiento toca: narración oral escénica; como definición, como diferenciación, como propósito, y, sobre todo, como exigencia. Narración oral escénica, un arte nuevo nacido de un antiguo arte. La renovación del arte de contar: La oralidad como una sola en permanente movimiento creador. Narración oral escénica, un arte complejo y en evolución, cuya definición no puede ser resuelta de una vez por todas. Hablo de escena y comunicación. Hablo de oralidad.” (pág. 29)

Narracuentos: Una situación circunstancial nos hizo inventar esta designación que hemos aplicado para nombrar a una de las agrupaciones que creamos posteriormente (Narracuentos UCAB). A comienzos del año de 1992, en acuerdo con la Subgerencia de Educación del Teatro Teresa Carreño, realizamos una serie de presentaciones para adultos en su Museo. La noche anterior, en una entrevista de televisión, el humorista “Cayito” Aponte declaró que él era, también, “un cuentacuentos”. Ante la muy posible solicitud de parte de un sector del público asistente a nuestra presentación –y que aún no conociera nuestras propuestas para todo público que ya se venían realizando en la Plaza Vicente Emilio Sojo de dicha Institución – que, por lo tanto, quisiera un chiste de nuestra parte, surgió la nueva palabra.

Oralidad: El término que, comenzó a valorarse entre investigadores y narradores orales a partir del Walter Ong tiene una larga y accidentada historia, como lo expone Eric Havelok en “La ecuación oral-escrito: una fórmula para la mentalidad moderna”, el texto recopilado por David R. Olson y Nancy Torrence en “Cultura escrita y oralidad” (ver nuestra bibliografía).

Palabrero: La escritora argentina Laura Devetach, en su libro “Oficio de palabrera”, recupera este término con el cual reconocíamos a los cuenteros campesinos y pueblerinos de nuestra infancia. Para diferenciarlos y enaltecerlos frente al de “cuentistas” que, cuando no se refería al escritor de cuentos, sino al narrador oral de los mismos, resultaba peyorativo o, al menos, descalificaba su oficio. Nos consta su uso en el norte argentino y en Uruguay - al menos en los departamentos de Rivera y Treinta y Tres – para la década de los cincuenta.

Presentación: Designación genérica de toda acción en el espacio realizada por los narradores que presentan su cuento, no lo representan (ver, para profundizar sobre ello, todas las diferencias que señala Garzón Céspedes, en su libro, entre teatro convencional y narración oral)

Público: Bajo esta denominación - y para marcar la diferencia que establece el oficio de narrar en la relación de coparticipación entre quienes asisten a la presentación y el narrador, por ejercer éste una acción de comunicación directa – reconocemos, así, que no son espectadores.

Unipersonal: Designamos de esta manera a toda presentación individual realizadas en espacios convencionales o no convencionales, donde se hagan, o no, uso de los recursos técnicos de luz y sonido. Es lo que se denomina monólogo en el teatro convencional y que, por las diferencias sustanciales entre ambos oficios de la escena, técnicamente, hemos de establecer.


Tomado de el libro “¿Quieres contar cuentos?” de Armando Quintero Laplume